Por Pedro Gomez

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Prácticamente en la totalidad de los casos, las rotaciones han sido defendidas desde un punto de vista físico, entendiéndose que el cuerpo humano necesita intervalos de descanso entre esfuerzos de alta intensidad y que si sobresolicitamos al jugador, corremos el riesgo de inducir a este a un descenso evidente en su rendimiento.

La fisiología y la ciencia del entrenamiento apoyan y promueven esta conjetura, pero particularmente creo que esta tan sólo debería de aplicarse a momentos de una alta densidad competitiva. Soy de los que creo, puede que ingenuamente, que con un microciclo completo, bien planificado y sin contratiempos, el mismo jugador puede llegar en condiciones óptimas semana a semana durante toda la temporada.

Ahora bien, defiendo las rotaciones, pero no desde un punto de vista físico (momentos muy puntuales), sino desde un punto de vista psicológico grupal. Mi argumento entronca más con la idea de que en una plantilla de 25 jugadores no puedes permitirte el lujo de perder a ninguno ni de que se apolille por falta de uso. Es cierto que cada jugador a medida que transcurre la temporada irá afianzando su rol (imprescindibles, suplentes, multiusos…), y que estos difícilmente cambiarán (¿crees que el jugador que sustituya a Xavi, Iniesta, Ronaldo, Casillas…está convencido de que les vas a quitar el puesto?), pero si no generamos en aquellos que están destinados a disputar menos minutos el sentimiento de utilidad grupal, difícilmente podremos sacar partido de estos cuando la situación los requiera.

Condenar al ostracismo a cualquier miembro del equipo es una actuación a evitar de manera indiscutible.
Tener en el garaje un Porsche y un Ferrari e ir a trabajar con un Ford Fiesta es complicado y algunos dirían que hasta ingenuo, pero puede que más embarazoso y conflictivo sea el tener averiados los dos primeros y no poder disponer tampoco del tercero por estar sin gasolina ni revisión pasada (¡claro! Pensábamos que nunca lo utilizaríamos).

El cuerpo técnico debe de saber gestionar su potencial humano de tal manera que en cualquier momento se pueda
disponer en perfectas condiciones de cualquiera de los integrantes del equipo. No se trata de disponer de una manera “física” (entrena normal y está sano), sino de una manera global ( el jugador está “sano mentalmente” y emocionalmente convencido de su valía en la aportación al grupo).

Al final, y tristemente, si el equipo gana tus cambios habrán sido geniales, y si el equipo pierde recibirás palos por todos los lados al día siguiente.

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Por Pedro Gómez

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Todos conocemos los numerosos beneficios que supone para el deportista el calentamiento previo al desarrollo de cualquier actividad física. Pese a esto, observamos como son cada vez más los preparadores físicos que reducen el tiempo destinado a esta parte alegando una disminución innecesaria de los depósitos energéticos del jugador y defendiendo este tiempo de trabajo únicamente desde el punto de vista adaptativo socioemocional .

Soy partidario de que el jugador debe de adaptar a la competición la totalidad de sus estructuras conformantes y que probablemente el aspecto emocional y de interacción con el resto de compañeros deba de anteponerse al eminentemente condicional, pero no defiendo que deba de reducirse el tiempo hasta el punto de ser prácticamente imposible una puesta en marcha previa al esfuerzo de alta intensidad exigido.

No me gustan los calentamientos largos, (creo que 20 minutos son más que suficiente) pero tampoco los muy cortos (para mi 10 minutos es un tiempo escaso). Hay que dar el tiempo necesario para preparar la totalidad de las dimensiones del jugador y del colectivo.

Además de esfuerzos similares a los competitivos, el jugador debe de haber vivenciado antes del pitido inicial aspectos relacionales colectivos específicos a nuestro modelo de juego (prefiero una posesión 4×4+2 orientada que el típico 5×5 inespecífico). Si calentamos en especificidad competitiva a todos los niveles no es absurdo pensar que el jugador saltará al campo con mayor predisposición. Puede que la complejidad del juego nos lleve a encajar un gol en el minuto 2 y se nos acuse de haber calentado de manera deficiente con la consiguiente falta inicial de actitud del grupo, también puede lesionarse un jugador en el primer sprint del partido y se nos vuelva a poner el punto de mira, o puede que ocurra exactamente lo opuesto a estos dos ejemplos, y el equipo alcance elevadas cotas de rendimiento nada más empezar el partido.

Yo, y supongo que vosotros también, tuve días de todos, días en los que el equipo salió muy enchufado al calentamiento y el nivel de concentración del mismo fue elevado pero con pobre rendimiento inicial, y días que el equipo parecía decaído o desmotivado y el comienzo fue superlativo. Intentar buscar una relación entre el calentamiento y la salida inicial del equipo es una tarea que no creo estar capacitado de demostrar.

Dicho esto, aquí os dejo uno de mis calentamiento precompetitivos:

0-1´ Trote continuo – Adaptación entorno.

1´- 4´ Adaptación al balón. Por parejas ejercicios de habilidad.

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4´- 6´ Movilidad articular libre. Consignas: Amplitud y reducida velocidad.

6´-10´ Rondos 4×1 con/sin movimiento. Todo el mundo pasa por rol defensivo. Progresión intensidad oposición.

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10´ Hidratación

10´13´ Reactivación articular dirigida. Frecuencia + Explosividad + Flexibilidad dinámica.

13´- 15´ Por parejas: golpeos en distancia progresiva + 1×1 + salto con remate.

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15´- 17´ Posesión inespecífica 4×4+2. Progresión en nivel de oposición.

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17´-20´ Posesión específica modelo de juego. En este caso 6 jugadores atacan a 4 en formación 2-3-1. Fomento asociaciones y comportamientos colectivos específicos.

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20´. Cohesión grupal

20´- 21´. 3 x Aceleraciones en 3 metros.

“Cada punto de vista es sólo uno de los posibles” (Sergio Fernandez)

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Por Pedro Gómez

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Se avecinan semanas cruciales de competición: derbis, duelos directos, fases de promoción, eliminatorias, finales, etc.. Donde directivos, responsables, aficionados, entorno determinarán si el trabajo realizado fue o no exitoso basándose únicamente en el desempeño competitivo mostrado en estas y sobre todo, en el grado de consecución de los objetivos establecidos al inicio de temporada.

Eliminaciones en rondas finales de competiciones Europeas, descensos a categorías inferiores, ascensos malogrados a pesar de formar parte del grupo de cabeza durante toda la temporada…todos acabarán siendo tachados de fracaso deportivo, y en todos, de un modo u otro, acabará haciéndose referencia a supuestos bajones físicos finales, a cansancio mal gestionado, densidad competitiva mal controlada, pobre dosificación y supuesta atención deficitaria en el aspecto físico de los jugadores.

Volviendo atrás en el tiempo, rememorando los titulares que llenan las páginas de los periódicos deportivos durante los meses de Agosto y Septiembre, observamos/leemos (de un modo muy osado a mi parecer) afirmaciones en las que se justifica el trabajo realizado y a realizar de acuerdo a ciertas ondulaciones de forma prevista para momentos puntuales de la temporada, (fases finales, promociones, enfrentamientos cruciales..etc), en los que el equipo deberá manifestar su máximo grado de tono físico para afrontar con garantías estas “grandes citas” ya aventuradas con meses de antelación.

Para muchos, estos picos de forma coincidirían con los microciclos de Realización de sus planificaciones ATR …a lo que yo me pregunto: ¿cómo puedo intuir en Agosto cuales deberán de ser mis momentos de realización máxima?, ¿Me compensa más la victoria en unas semanas que otras?, ¿no valen todos los partidos 3 puntos? Si es así, ¿cómo puedo hipotecar el rendimiento de mi equipo durante una jornada habiendo hecho durante esa semana un trabajo de ACUMULACIÓN para aprovechar más tarde el efecto residual de esta carga y alcanzar el pico de rendimiento físico entonces?.

Pero iré más allá….¿cómo puedo saber que mi equipo está bien físicamente?, ¿existe alguna prueba o test que me garantice que el rendimiento físico durante un partido va a ser máximo?, ¿qué jugadores deben de alcanzar el pico? , ¿los 25 a la vez?, ¿sólo los titulares?, ¿dónde empieza y dónde acaba lo físico durante el partido?, ¿qué elementos de juicio utilizaremos para responder estos interrogantes?.

Puede que si soy un equipo pequeño me interese realmente empezar muy fuerte la competición para asentarme en la categoría y “mejorar” desde la tranquilidad que nos dan los puntos ya logrados (la relación entre el rendimiento en las primeras 5 jornadas y la clasificación final ha sido demostrada en los estudios del grupo gallego de investigación HI20), pero no olvidéis que este contexto nos exige rendimiento YA, AHORA, y DURANTE TODA LA TEMPORADA, no nos vale el: “tranqui jefe, en Enero iremos como motos”, porque puede que en Enero los que ya estemos ahorcados sin equipo seamos nosotros. Este mundo no entiende de picos, hay que empezar a alisar nuestras bonitas gráficas de Excel intentando lograr un máximo estado de competencia durante el mayor tiempo posible…¡porque todos los puntos importan!.

La famosa gasolina que recargamos en pretemporada, no sirve de nada si las ruedas de coche están gastadas, los frenos desajustados, la dirección bloqueada y el conductor que debe de conducir ebrio de festejos. Fallar por algún lado impedirá que nuestro coche nos lleve a la ansiada cima. ¡La forma es multifactorial!! Tradicionalmente hemos definido al estado de forma de una manera muy reductora y parcelada en la que sólo se ha dado importancia al estado de la estructura condicional del jugador y no se han tenido en cuenta las otras estructuras conformantes de su sistema. En el momento que entendamos a este estado de forma como un nivel óptimo de desempeño, colectivo e individual, a nivel cognitivo, emocional, condicional, coordinativo, que nos posibilite resolver los contextos que se nos vayan presentando,…nos daremos cuenta que prever “Picos” es una ardua, por no decir imposible, tarea.

En consecuencia, si el famoso estado de forma está condicionado por el comportamiento táctico colectivo, el estado emocional puntual, el grado de desempeño condicional….¿cómo podemos generar un estado máximo?, ¿podemos siempre controlar lo táctico, lo emocional…?, entonces,… ¿estos picos los generamos nosotros realmente o BROTAN de manera inesperada en momentos en los que la interrelación entre todas las estructuras del sistema es óptima?…Piénsenlo…..Y anoten cada vez que alguien acuse a un equipo de estar mal físicamente tras haber ganado un partido.

“Si quieres conseguir resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo” (Albert Einstein)

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Por Pedro Gómez

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Semana intensa futbolística donde buena parte de la temporada se decide en estos días. Enfrentamientos directos y cruciales determinarán el trono continental y provocarán inmensas alegrías o profundas tristezas en aquellos aficionados, que envueltos en un entorno tan convulso, aguardan ávidos de buenas noticias.

Ante tal vorágine de acontecimientos, todas las miradas centradas en dos jugadores pues los aficionados, sabedores de que buena parte de sus esperanzas pasan por ellos, adoran, veneran, idolatran, miman y protegen a sus estrellas de manera incondicional: Messi y Cristiano/ Cristiano y Messi.

Los adjetivos para calificar a estos dos jugadores empiezan a agotarse. Sus cifras marean y desconciertan. Las comparaciones empiezan a no tener cabida y las estadísticas se derrumban jornada a jornada como si una fuerza sobrenatural acompañase a estos en lo que parecía impensable labor hercúlea. Dudar de la capacidad de alguno de ellos denota fanatismo y testarudez. Para los seguidores del FC Barcelona el jugador Argentino es incomparable, inhumano, irrepetible, un placer para los sentidos…. para los Madridistas, este siempre estará ensombrecido por la furia desmedida de su baluarte portugués, su incombustible actitud y por qué no decirlo, su codiciada autoconfianza.

Como todo Dios, estos necesitan rodearse de fieles cíclopes que dejándose la vida por ellos, les defiendan, protejan y ayuden a potenciar su rendimiento. Guerreros que sabedores de que no pasarán a la historia, se armen de solidaridad y desarrollen el trabajo menos vistoso para que que sus guías, sus referentes, puedan mostrar al mundo todo su poder y así coronar el Olimpo de los Dioses.

Es indudable el valor de estos valientes cíclopes ( Khedira, Busquets, Marcelo, Alves, Sergio Ramos, Puyol, Pepe, Piqué, Higuain, Cesc….), sobre todo sabiéndose eclipsados constantemente, secundarios en las portadas, pero….¿se necesitan entre ellos como rivales?.¿La desorbitada fuerza de uno no transforma en colosal a la del otro?, ¿Existiría tanta diferencia con sus compañeros si el uno no tuviese al otro, es decir, sin un espejo tan cruel en el que compararse?. Un espejo que cuando más agraciado te contemplas, acaba por devolverte en forma de record de tu rival una visión empequeñecida de ti mismo.

Estoy convencido de que si Cristiano no hubiese alcanzado 40 goles en la competición, Messi tampoco lo habría hecho. Un nuevo premio o logro de uno de ellos, despierta, zarandea y azota al otro. El nivel de autoexigencia varía y aumenta a medida que los logros de su enemigo crecen. Puede parecer paradójico pero Messi hace mejor a Cristiano, y Cristiano hacer mejor a Messi, de igual modo que el FC Barcelona y Real Madrid se hacen mejores entre ellos.

Una vez más….el contexto condiciona.

No dudo de que esta máxima expresión futbolística a la que nos acostumbran partido tras partido sería impensable sin sus compañeros de equipo, pero creo, y casi estoy convencido, de que se necesitan más entre ellos como rivales. El potencial humano es ilimitado. Los records de estos dos jugadores son la prueba de esto. Pensar en pequeño nos hace crecer poco. Si nuestro nivel de autoexigencia no se estimula a diario, dejamos de evolucionar. Si uno de ellos no existiese, el otro se conformaría siendo máximo goleador con 25 goles. Se mantendría y dejaría de mejorar. El objetivo no es mantenerse, es mejorar. La prueba la tenemos en estos dos magníficos jugadores.

Confiemos que sigan enfrentándose….ganaremos todos, ganará el fútbol.

Pese a todo, y tal vez, en cierto momento, algún avispado Prometeo (Alonso, Iniesta, Ozil, Xavi…) se aventure a arrebatarles el ansiado fuego…pero dudo de que las águilas de Zeus tengan tan mal gusto futbolístico y se presten a arrancarles sus hígados por ello.

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Partiendo del convencimiento absoluto al que suelo aludir “la interacción entre nosotros será la que haga emerger versiones mejoradas de nosotros mismos”, inauguro esta sección en mi blog, donde una vez más, sin ánimo deasentar cátedra de ningún tipo, me reuniré y compartiré agradables y enriquecedores momentos (interacciones más que entrevistas) junto a aquellos profesionales que consideren que pueden aportar algo de claridad a las ideas de algunos de vosotros.

Puede que la claridad aportada os convenza de que ya hacéis las cosas bien, pero también puede    que refuerce posiciones contrarias en vosotros, tal vez por momentos aportemos más confusión que luz, que las palabras nos alejen más que nos acerquen…pero estoy seguro de que reflexionar y discutir son paradas obligatorias en todo profesional dispuesto a abrazar la actualización permanente.

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ImagenEn esta primera entrada, tengo el placer de intercambiar ideas/pensamientos junto a MIGUEL CHAMORRO DE SARO, Lcdo en CC del Deporte y especialista en Prevención en Readaptación de lesiones. Miguel, andaluz de nacimiento, inició su andadura en las categorías inferiores del Cádiz, para pasar posteriormente a realizar las labores de Preparador Físico en el año 2005 y hasta el 2011 al RSD. Alcalá (2ªB-I). Miguel es un apasionado del fútbol, se percibe al minuto de hablar con él, y convencido de la complejidad inherente a este que desestabilizada todo lo previsible, interactúa y reflexiona constantemente. Es raro encontrar una conversación vía twitter en la que se hable sobre la complejidad del fútbol y en la que Miguel no sea participe con sus siempre clarificadoras e inspiradoras  aportaciones. ¿No me creéis?. Prueben a contactar con él, no se arrepentirán. @_MiguelChamorro. 

En esta primera entrada, Miguel y yo interactuamos un “rato” sobre Paradigmas de Pensamiento y Metodologías de trabajo más apropiados/as para nuestros entrenamientos, cómo enfocarlas, cómo entenderlas, cómo aplicarlas.
Esperamos que aunque no os convenzamos de nada, al menos las siguientes líneas os inviten a la reflexión.

Empezamos….

Miguel Chamorro:
Para poder hablar de metodología, no hay más que profundizar a lo largo de la síntesis de dicha palabra griega; meta (mas allá) odos (camino) y logos (estudio), que ya muy bien mencionaba mi compañero Pedro en su libro “La Preparación Física en el Futbol contextualizada en el Futbol”.
Por tanto, si a dicho camino por encontrar algo más allá en el estudio de este deporte llamado Futbol, le añadimos la complejidad de sus sistemas y variables, no estaremos mas que añadiendo un acceso a las vías o paradigmas actuales por donde posiblemente depare dicho feedback.
No obstante, cada día cuando realizo una sesión,(no sin antes haber profundizado en el análisis de las tareas de la anterior y sin saber posiblemente que hare mañana, ya que no contengo la información necesaria sobre las sensaciones/emociones/percepciones de la actual) no se tu compañero, pero yo intento hacer un repaso rápido a lo largo de aquello denominado “Preparación Física” y que siempre dependió del deportista y no del proceso Físico, ¿No se si estarás conmigo?, así como de su evolución.
Por tanto partimos de aquel proceso de entrenamiento, donde el protocolo individualizado de la preparación atlética instauraba unos parámetros de control y luego formación para que después “si acaso” jugasen al fútbol, desvirtuando la realidad del juego y dando importancia al éxito en situaciones competitivas en entornos cerrados.
Con la unificación y el paso del tiempo fueron surgiendo ideas acerca de la globalidad de la tarea y los aspectos contextuales del juego, para pasar por la primera corriente que rompe en algo con las anteriores, y es la situación innegociable del balón en las tareas, la corriente integral. Partiendo de dicho elemento balón, sin el que sería posible “Jugar” y el cual provoca en este deporte una búsqueda continua de soluciones mediante la percepción-acción de infinitas vivencias, experiencias variables y nunca repetitivas.
Es ahí, donde se produce un análisis en el cual aparece una estructura basada en el aprendizaje cognitivo, donde el jugador pasa de un ser pasivo para dar paso a una visión del mismo como activo pensante que interacciona con el contexto. Y es de ese lugar, de donde procede la concreción de la “orientación metodológica diaria” de mis tareas. Donde, no concibo realizar propuestas y tareas donde la toma de decisiones individual para el colectivo no sea el proceso de selección de la información para su posterior asimilación. Es decir, si realizo ejercicios pre-programados que alejen al juego de su origen, estaremos alejando de por sí todos aquellos elementos de la biomecánica así como de la motricidad humana, los cuales nunca se deben ni se pueden obviar del contexto y su interactuación, ya que serán variables en función de unos parámetros que solo y solo proceden en el transcurso del juego. Por tanto no se si estarás conmigo amigo, pero, ¿No crees, que el termino Preparador Físico debería estar ligado a el conocimiento y análisis del Juego y no el Juego en su esencia ser un mero espectador en la funcionalidad diaria del Preparador Físico?

Pedro Gómez:
Buena y sobre todo compartida contextualización Miguel. La labor del “preparador físico” como bien expones ha sufrido (y sigue sufriendo por suerte), una constante evolución en su orientación, ya no sólo por los medios a utilizar sino por las líneas de pensamiento sobre las que se sostiene.
Con el paso del tiempo, nos hemos ido dando cuenta que “extirpar” al jugador del contexto natural en el que debe de moverse es deshabituarlo del entorno especifico sobre el que le corresponde desarrollar sus coordinaciones. Así, respondiendo al interrogante que me lanzas, entrenar “preparación física” obviando las numerosas interacciones que se producen constantemente entre el entorno, jugador y tarea tiende a limitar la producción de nuestro trabajo, no porque el jugador no necesite trabajar sus cualidades condicionales (algo imprescindible al fin y al cabo), sino porque al apartarlo de aquello con lo que conviven sus estructuras cognitivas, condicionales y afectivas, obstaculizamos la natural evolución del sistema complejo que es, el cual, en condiciones contextuales de trabajo, tenderá a auto organizarse para optimizar su adaptabilidad a las demandas sistémicas del juego.
Yo esto me lo creo, lo comparto e intento tenerlo en cuenta mi práctica diaria, pero amigo Miguel….¿que nos hace pensar que nuestra visión compleja del acontecimiento es la correcta?, ¿sobre qué sostenemos nuestras teorías?, ¿existe relación causa efecto entre metodología y rendimiento?, ¿Cómo se “mastica” esto en entornos donde prima el éxito deportivo por encima del trabajo “bien” hecho?

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Miguel Chamorro:
Quizás dentro de toda la subjetividad de tus preguntas, este el “escondido” resultado de un conjunto de pareceres, estos totalmente validos en función de tu idea del concepto “cuerpo” y el “entrenamiento deportivo”, pero en mi opinión, al final el éxito deportivo “sin precedentes” primara durante un instante o durante un periodo de tiempo determinado, pero el “ trabajo bien hecho” perdurara en el tiempo, aun siendo algo impredecible e inmodificable.
Cuando partes de algo sencillo a algo complejo, si llegas a percibir aquello que se determina dificultoso, supuestamente, debes haber “asimilado” o “aprendido” un mayor grado de conocimiento respecto al fundamento que se quiere transmitir, ( contradictorio totalmente a creer que realizar tareas extravagentes y meticulosas serán mayormente efectivas que las de carácter sencillo). Por tanto, si nosotros “especialistas” en las Ciencias de la Actividad Física y del deporte, no somos quien buscamos ese cambio profundo en la mirada hacia unos sistemas relacionados con dicha ciencia (en especial, el organismo humano y su comportamiento motor) y a su vez cuestionamos los pilares esenciales del pensamiento clásico (determinismo, reduccionismo analítico y materialismo) que nos permitan avanzar hacia la incertidumbre de los comportamientos, la globalidad de lo que no puede sumarse o yuxtaponerse, adentrarnos en que la interdependencia y el funcionamiento de estos depende de él y de los demás así como cualquier modificación afecta a todo el conjunto, no tendremos una vía segura del éxito, ni que nuestro “parecer” nos aseguremos un papel importante en clubes, pero no crees que, ¿Si posiblemente estemos mas cerca de encontrar la llave de la conexión del Juego – Cuerpo como un todo?.

Pedro Gómez:
No sé si estaremos cerca de encontrar tan ansiada “llave”, ni tan siquiera conozco a ciencia exacta de la existencia de esta, lo único que puedo asegurar es que somos muchos los que hemos escogido un camino distinto, un camino tal vez más complejo, subjetivo, impredecible e inestable, paradójico a su vez (son muchos los que nos acusan de tirar piedras contra el colectivo, también nuestro, de licenciados en “preparación física”), pero que a día de hoy, todavía sigue sin poseer validez comprobada.
Al respecto, espero y deseo que el momento en el que aparezca un consenso metodológico absoluto y eficaz sobre cómo hay que hacer las cosas durante nuestros entrenamientos no se instaure jamás (de hecho estoy convencido que esto nunca ocurrirá), no me gustaría que las palabras “reflexión” y “error” desaparezcan de nuestro día a día, pero sobre todo, no me agradaría que la monotonía en nuestra actuaciones infecte y enferme a nuestro don más preciado, la pasión por nuestro trabajo.
Personalmente me gusta hablar de metodología contextual porque esta ha de estar innegociablemente ligada a un contexto único e irrepetible, motivo por el cual, cualquier actuación que se desarrolle en un entorno determinado no tiene por qué derivar en iguales consecuencias en futuras aplicaciones. Cualquier sistema complejo se conforma de una serie de atractores y constreñimientos relativos al sujeto actuante, su entorno y la tarea en cuestión, que no hacen más que promover la tendencia evolutiva comportamental del sistema hacia un tipo de autoorganizaciones u otras, que doten, al fin y al cabo de una determinada adaptabilidad contextual al mismo, capacidad de adaptación esta irrepetible e inigualable pese a la utilización de similares dinámicas de trabajo.
En mi contexto momentáneo y particular, profundizar y actuar sobre esta línea relacional es la base sobre la que debe asentarse el “hacer las cosas bien” que al principio referías….Al menos de momento, y solo hasta el hipotético caso de que a lo largo de mi camino encuentre atajos que me acerquen a la complejidad del sistema sujeto/entorno por senderos más seguros y resistentes.
Pese a todo, mi día a día sigue arrojándome continuos interrogantes, de difícil respuesta tal vez, pero de obligada meditación…¿Adscribirnos a un tipo de pensamiento nos prohíbe beber de otros?¿por qué parece que las distintas metodologías se encuentran en continua pelea?, ¿por qué las nuevas ideas parten de la infravaloración de las anteriores?, ¿no somos muy extremistas?, ¿por qué aquellos que no piensan como nosotros están desfasados y no están en la onda?.

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Miguel Chamorro:
Cada instante mediante el que algún cambio en el contexto me hace predecir que todos los interrogantes que tenia, aumenten en función de la complejidad del “ambiente y lugar”, simplemente es un hecho mas, de que posiblemente los continuos cambios, harán que dicha “llave” siempre tenga diferentes formas de moldearse.
Comparto la idea que comentabas de la metodología contextual, ya que desde ese punto de partida, se debe elaborar el inicio de la “planificación a su vez contextual”. Pero compañero eso si que es verdaderamente complejo, ya que entonces esa llave no existe, ya que esta, ¿será diferente para entrar en cualquiera de esos “ambientes y lugares” de geografía/ ubicación dispar?. Entonces, ahora entiendo porque todo esto procede de “complexus” (entrelazado o intrincado).
En lo que estamos de acuerdo, es que para tener complejidad, se necesitan dos o mas componentes que se encuentren unidos o conectados, que no sean separables, presentados por dualidad y que a su vez sean distintos y a su vez conectados. Pero que dichas partes sean distintas, supone variedad, hetereogeneidad, comportamiento diferenciado, que a su vez estén conectadas supone interdependecia, constreñimiento como bien señalabas, comportamiento abundante.
Puede que la respuesta a todos esos interrogantes sea, la necesidad y continua competición a la que parece que nos sometemos, por ocupar simplemente un puesto en un Cuerpo Tecnico, y que nos hace desterrar lo que realizan otros compañeros, simplemente por el hecho de sentirnos “fieles a nuestro pensar”, el cual obviamente cada uno tenemos uno, bien por conocimiento o desconocimiento y los cuales nos hacen relacionarnos a otros en torno a un feedback continuo por aprender, pero nada más, no seré yo el que juzgue protocolos de actuación que dejen en evidencia mi “conocimiento” en un mundo resultadista, eso sí, seguiré ligado a una idea que me hace sentir con “ fuerzas”, en este caso emocionales/sensoriales, para continuar en la contextualización de que la diferenciación y la variedad promueven el desorden, el caos, la entropía, en cambio, la conexión lleva al orden.
Por tanto, ¿No crees que dicha complejidad, solo puede existir si esos dos aspectos están presentes; ni desorden, ni orden perfecto? ¿Porque nos encontramos siempre en continua evaluación? ¿Por qué continuamos en muchos casos, sin tener valoración alguna, siendo en lo positivo un mero espectador y en lo negativo el causante de los actos?

Pedro Gómez:
Efectivamente Miguel, adscribirse a una línea de pensamiento complejo convierte nuestro contexto en algo muy enmarañado si lo comparamos con la sosegada comodidad en la que permanecíamos adormecidos. Desterrar las líneas causa efecto de nuestras actuaciones nos obliga a reconocer / interrelacionar /valorar parámetros y relaciones olvidados anteriormente. Una causa ya no deriva en un único efecto, pues son múltiples las variantes a las que nos puede abocar, sobre todo si a esta le permitimos (y no constreñimos con nuestros planteamientos reduccionistas), aflorar, interactuar y asociarse con su entorno.
Como bien señalas, la complejidad se encuentra escondida entre orden y desorden (o como algunos lo llaman, “al borde del caos”) y es en este escondite donde la misma expande la emergencia de nuevas propiedades y alcanza su máxima eficacia, lo cual tiene su lógica, ya que como vemos a diario en múltiples situaciones contextuales del juego, comportamientos demasiados ordenados restan flexibilidad y adaptabilidad al sistema mientras que actuaciones excesivamente caóticas impiden la auto organización de los componentes del mismo.
Si la actuación de cada uno de mis jugadores durante un momento puntual va a condicionar el comportamiento de todos los elementos constitutivos del sistema (compañeros, adversarios, tarea,..), el comportamiento de un deportista no puede entenderse fuera de su contexto, ya que será este el que constriña o redireccione sus actuaciones de acuerdo a los continuos cambios que se den en el ecosistema futbolístico. Recuerda que la única constante de la naturaleza es el cambio, y que nuestras actuaciones metodológicas deben de estar dirigidas a mejorar la convivencia de nuestro equipo con dicho cambio. Imagen
Realmente bonito y literal, pero…¿cómo se digiere esto?, ¿cómo se operativiza?, ¿cómo puedo hablar de una metodología “preferida” si el entorno está cambiando constantemente?. A mi sólo se me ocurre responder estos interrogantes abogando por, y creyendo en, una metodología que conviviendo con la complejidad y siendo consciente de la misma no persiga la maximización de los componentes del sistema por separado (la simple elección de los mejores ingredientes no convierten la comida cocinada en un exquisito manjar). Potenciar a través de nuestras dinámicas de trabajo la flexibilidad y capacidad de adaptación de nuestros jugadores ante el contexto cambiante, de modo que estos respondan de forma óptima (no máxima) a sus constreñimientos inmediatos, se vislumbra, a mi humilde parecer, como una de las estrategias más comprensiva y tolerante con la complejidad de nuestro mundo.

Miguel Chamorro:
Al final resulta que la complejidad me hace pensar que no enseñamos nada previamente, ya que sin conocer el contexto y aun conociéndolo, todo el proceso de enseñanza-aprendizaje será variable e impredecible como el juego mismo. Uno por su variabilidad en función de contexto-jugador-compañeros-adversario-móvil así como por centrar su focalización en sensaciones, emociones, percepciones variables y totalmente incalculables para su control.
En definitiva el jugador ha sido clásicamente entendido como algo independiente del contexto en que se encuentra a interactúa, sin embargo, no podemos entender el rendimiento del futbolista como algo independiente del entorno donde se produce, sino que la interacción deportista-entorno crearan distintas posibilidades de interacción del deportista con su entorno, siendo más importante no detenerse en estudiar las características aisladas de los jugadores ,sino, la forma en que estos interactúan con su entorno competitivo.
Dicho proceso supone de una complejidad que solo podrá ser “metodológicamente” interpretado si es analizado mediante acciones “contextuales” y su dinámica, ya que al fin y al cabo, clarificando contenidos, hay que adentrarse en aquello que se encarga de captar y procesar los estímulos que el jugador puede recibir del entorno para identificar posibilidades de acción, aquello que permite la ejecución del movimiento de la forma deseada, lo estructural que ha de dar el soporte físico al desarrollo de la actividad del jugador así como procesar e interpretar las relaciones que se establecen entre el jugador y compañeros así como consigo mismo, realizando su identificación personal, involucrándose y sintiéndose identificado.
Por tanto, tras tanto análisis compañero y percibir la dificultad de lo expuesto y valorarlo mediante la práctica diaria ,he de decir, que percibir metodologías o métodos genéricos dentro una contextualización “compleja”, que aun no nos permite ser capaces de encontrar eficacia en la “especialización” fija mediante el contexto, hace que todo lo que “planifiquemos” sea un seguimiento personal variable y totalmente modificable no más allá del día a día ya que ¿únicamente tendrá validez todo, si en este mundo resultadista da lugar al “éxito deportivo? Mientras tanto, abogare con cautela por continuar en este análisis de estudio asi como rechazando cualquier dinámica que anteponga a otra su proceso, ya que será un error desterrar para no poder justificar.

Pedro Gómez:
Interesante, y una vez más, compartida reflexión amigo Miguel.
Vivimos en un entorno en el que la dinámica contextual condiciona de manera trascendental nuestras decisiones (o al menos así pensamos que debería de ser). Aferrarse a metodologías novedosas por el simple hecho de estar “a la última” o rechazar nuevas líneas de pensamiento reforzando nuestro engreimiento innato pensando que lo sabemos todo de antemano, son comportamientos que no hacen más que atentar contra nuestra capacidad de adaptación confinándola e impidiendo su desarrollo y ebullición.

Luchar contra este extremismo apoyándose en cualquier elemento metodológico inspirador (analítico, integrado, estructurado, táctico..etc) considerado más apropiado para ese momento único y concreto es en base a mi experiencia, la mejor forma de combatir contra la complejidad contextual…¡no reniego de ningún tipo de trabajo!, aunque sí intento que la mayoría de mis actuaciones sean acordes a lo que más creo ¿Por qué? ¿No era yo quien defendía que la máxima transferencia competitiva se consigue vivenciando situaciones complejas y contextualizadas al juego que pretende mi equipo?, ¿No era yo quien eludía los reducidos beneficios de prácticas no apoyadas en la lógica interna del juego? Sí, ¡y lo sigo pensando!…pero estoy convencido de que no solo vale lo que para mí es mejor, sino que debo de saber atender aquello que el jugador contempla como imprescindible para mejorar….eso es atender a la complejidad. Emociones, sentimientos, convicciones…hay que tenerlas muy presentes. No se trata de atender siempre a las preferencias de tus jugadores, pero no olvides que si no las valoras al menos, puede que convencimiento y voluntad abandonen el barco y dificulten nuestra llegada a la ansiada adquisición de aprendizajes significativos.

Lamentablemente vivimos y seguiremos viviendo en un mundo resultadista, esto no creo que cambie. Los jugadores, directivos, prensa…etc, quienes alabarán nuestra metodología de trabajo cuando todo vaya sobre ruedas, serán los mismos que ataquen a nuestros entrenamientos si la clasificación del equipo no es la deseada…¡a mí me han criticado por no meterles “caña” en una sesión regenerativa postpartido!. Puede parecer ridículo, pero es nuestra realidad y nos toca saber cohabitar con ella. ¿Conformismo o inquebrantable realidad?, ante este panorama yo seguiré siendo fiel a mi estilo y abogaré por un tipo de metodología ecléctica, no encasillada, que atienda y se adapte al contexto, que incluya y no deje de lado a las emociones individuales y sentimientos grupales del día a día, porque esa interacción deportista-entorno de la que hablas para mí es la verdadera clave del entrenamiento. El jugador condiciona al entorno y este a su vez condiciona al jugador…y ¡a nosotros mismos!.
Así, ante un panorama tan poco propenso a modelos explicativos de certeza matemática lineal sólo se puede actuar redondeando nuestras ideas y actuaciones, eliminado de nuestras convicciones la relación causa efecto tan asentada en nosotros e intentando poner lo mejor de nosotros mismos en la adquisición de los beneficios grupales, para que cuando llegue el día que nos destituyan, que llegará, nuestra conciencia marche tranquila, perdure el trabajo bien hecho al que aludías en una de tus intervenciones, y desde la lucidez seamos capaces de contemplar esta destitución como un elemento más del complejo contexto que hemos elegido.
Yo de momento seguiré haciendo aquello que creo “hacer bien” en mis entrenamientos, puede que mañana comience a parecerme mal y cambie aspectos metodológicos, pero también puede ser que dentro de un mes vuelva a hacer lo que hacía un año atrás. El error es inevitable. La reflexión sobre el mismo un deber.

Imagen¡Nuca dejéis de haceros preguntas!

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Por Pedro Gómez

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Llevo bastante tiempo en las redes sociales. Intento rodearme de gente cercana al mundo del fútbol ya que, muy sinceramente, estoy convencido que todo el mundo puede aportarme algo y contribuir así en mi crecimiento profesional. Una conversación, una recomendación, una nueva amistad…¡nunca se sabe!.
Lamentablemente, y aunque tampoco es una generalidad, observo ciertos comportamientos que no me gustan nada (comentarios, tweets, ..), sobre todo en estas fechas en las que parece que todos estamos deseando posicionarnos lo más adelantados posible en la salida hacia el ansiado logro de un puesto de trabajo para la próxima temporada.
Creo que el adormecimiento que nos invade en algunos momentos nos impide observar con perspectiva la utilidad que esta interacción constante entre nosotros puede aportarnos a largo plazo si la mejora constante se encuentra entre uno de los objetivos prioritarios en nuestra carrera profesional.
Así, como preludio al que será mi consejo en la entrada de hoy os contaré dos cuentos…. como sabéis, los cuentos están hechos para dormir a los niños y para despertar a los adultos.

El primero, titulado La RANA VANIDOSA, cuenta la historia de una rana muy presumida que vivía en una hermosa charca. Aunque gozaba de una vida cómoda, ya que no le faltaba comida ni compañía, se sentía insatisfecha.
Cada mañana, observaba durante un largo rato, como entre sus tranquilas aguas se veía reflejada, maravillándose de su propia perfección. Entre sus sueños, se encontraba el deseo de viajar a un lugar más cálido, donde supiesen admirar adecuadamente sus muchas cualidades.Imagen
Desde la charca, veía pasar las aves que comenzaban a huir al sentir los primeros síntomas del frío. Hasta que unos gansos viajeros le sugirieron emigrara con ellos hacia el soleado sur. Pero había un pequeño inconveniente: la rana no sabía volar.
-Dejadme que piense un momento -dijo la rana -seguro que mi cerebro privilegiado encontrará una solución.
Fiel a la promesa, pronto tuvo una idea. Pidió a los dos gansos que le ayudasen a encontrar una caña ligera y fuerte, y les explicó que cada uno tenía que sostenerla por un extremo. Ella se puso en medio y se agarró a la caña mordiéndola con la boca. Así comenzaron su travesía.
Todo iba según lo previsto cuando al poco rato, pasaron por encima de una pequeña población. Los habitantes de aquel lugar salieron para ver tan inusitado espectáculo. Nunca habían oído hablar de ranas que volasen, y menos utilizando un medio de transporte tan ingenioso.
Elevando la voz, un aldeano curioso preguntó: ¿A quién se le ocurrió tan brillante idea? Al escucharle, la rana no pudo evitar que se le escapara la orgullosa e inmediata respuesta: ¡A míii!
Su vanidad fue su ruina. Aquellas fueron sus últimas palabras. En cuanto abrió la boca, se soltó de la caña y cayó al vacío.

El segundo cuento, LA SERPIENTE Y LA LUCIERNAGA cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una Luciérnaga; ésta huía rápido de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir.
Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada.
Al tercer día, la Luciérnaga paró y fingiéndose exhausta, dijo a la serpiente:
– Espera, me rindo, pero antes de atraparme permíteme hacerte unas preguntas.
– No acostumbro dar éste precedente a nadie pero como te pienso devorar, puedes preguntarme.
– ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
– No.
– ¿Te hice algún mal?Imagen
– No.
– Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
– Porque no soporto verte brillar.
La luciérnaga se atrevió a recabar esa información, porque quería entender la situación que a todas luces le parecía sin sentido.
Una vez enterada del adormecimiento y la envidia de la serpiente, se limitó a sonreír y volar más alto y rápido aún, con lo que la serpiente se quedó con ganas de ese bocado tan luminoso que demostró estar fuera de su alcance.
En un guiño final de su luz, el bichito alado le gritó a la serpiente, muy encima de ella:
-“Es hora de que aprendas a brillar tu misma de un modo tan hermoso que aún nosotras las luciérnagas, observemos con admiración, tu gran resplandor”
……………………………………………………………………………………………

Nuestro mundo futbolístico (al menos el virtual) tiene bastantes ranas, varias luciérnagas y demasiada serpientes.
Las RANAS FUTBOLÍSTICAS, convencidas de su superioridad y borrachos de deseos vanidosos aportan comentarios y opiniones con más forma que fondo, que no dan pie a la discrepancia y sin lugar a la crítica. Hablan de acontecimientos del fútbol con una facilidad y convencimiento que a mí personalmente a veces me aterra. Aportan verdades y reflexiones dogmáticas intentando sentar cátedra con cada una de sus aportaciones. Destacar por encima del mundo de los que para ellos son mediocres parece ser el objetivo y para tal fín adornan sus comentarios con palabras y expresiones a veces inteligibles que escondiendo el propósito de ser adoradas empiezan a espantar más que a atraer.

Como respuesta a estas ranas, encontramos a las SERPIENTES FUTBOLÍSTICAS. El discurso de estas se construye sobre su incapacidad y falta de entendimiento de algunos aspectos de nuestro contexto. Reniegan automáticamente de cualquier aportación si consideran que esta puede situarles en una posición de partida no deseada. No se paran a reflexionar, ni tan siquiera a escuchar sobre lo dicho. La crítica continua es su forma de decir “aquí estoy yo”. Derrumban opiniones de filósofos (como ellos les llaman) pero no aportan nada personal, no sabemos si por incapacidad o porque tienen miedo a que su metodología revolucionaria sea copiada.
Por suerte, la variedad de nuestro ecosistema nos premia, cada vez más, con la existencia de LUCIÉRNAGAS FUTBOLISTICAS. Estas intentan brillar por sí mismas. Sin compararse con nadie ni devorar a otros animales en su proceso de crecimiento. Tienden a juntarse a sus iguales para aportar más iluminación a la oscuridad del contexto. Destacan por la humildad y naturalidad con la que hacen las cosas. La colaboración e interacción son cualidades que ponen de manifiesto día a día. Reflexionan, aportan y aunque no estén de acuerdo con lo comentado, al menos escuchan y rebaten.

MI AUTOCRÍTICA.
Comprendo que todos los que comentamos con frecuencia y tenemos la osadía de escribir sobre este complejo mundo podemos ser vistos como RANAS que intentan destacar sobre el resto. Personalmente nunca fue mi objetivo. Entiendo que en este mundo tan pronto podemos estar arriba como estar abajo. Estar arriba no te hace mejor de igual modo que estar abajo no te dota de total incompetencia. Ni estoy arriba ni llevo tantos años en el fútbol como para sentirme rana vanidosa. Puede que a veces exprese mis ideas con expresiones cercanas a la complejidad que tanto defiendo en el fútbol, pero las mismas no tienen mayor objetivo que asentar un lenguaje común entre aquellos que nos adscribimos a esta manera de entender el juego. Podría hablar de “limitaciones” en vez de “constreñimientos”, seguramente me entendería más gente…pero considero que hay ciertos conceptos que debemos asentar …aunque a veces parezcamos prepotentes y vanidosos.
Si algo estoy seguro que intento no ser es SERPIENTE….Me gusta compartir e interactuar. Me encanta aprender de todos. Muchos son los que se han dirigido a mí para intercambiar y nunca he recelado de darles mi punto de vista sobre cualquier aspecto, pero de igual modo, son cientos las veces que yo me he acercado y he preguntado a alguien respecto algún interrogante que desconocía. No tengo miedo en decir que no tengo la respuesta de muchas cosas. Siempre digo que la interacción entre nosotros será la que haga que afloren versiones mejoradas de nosotros mismos. Podría citar a muchos amigos de facebook, twitter de los que he aprendido mucho…pero ellos ya saben quienes son….¡Interactúa, ábrete al conocimiento y la reflexión y acabarás dando con ellos!, estoy seguro.
Finalmente, no diré que soy LUCIERNAGA, aunque me encantaría poder serlo. Intento brillar por mí mismo de forma natural. No pretendo brillar para encandilar a los que están cerca de mí….., no es esa la iluminación que busco. Persigo algo más interno, algo más relacionado con mi crecimiento personal. Rodearme de los que para mí sí son luciérnagas es mi día a día ya que no siempre puedo combatir la oscuridad por mí mismo y casi siempre necesito que me echen un cable en mi peregrinaje interno. Escribo, reflexiono, comento, actúo, me equivoco, vuelvo a actuar…con este fin. ¿lo consigo? Quiero creer que sí…

¿y tú?

¿Qué animal vas a intentar ser a partir de ahora?

Un abrazo amigos!!!
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Hola amigos.

Aunque aprovechando el descanso competitivo de este semana había decidido firmemente desconectar un poco del “futbol” y su entorno, recibí poco antes de iniciar mis “minivacaciones” el email de Martí Nadal, alumno de ultimo curso del INEFC de Barcelona quien me pedia amablemente colaboración para la realización de un proyecto académico.

Lógicamente, y a pesar de mi propósito de desconexión, no pude negarme.  Es un orgullo para mí que hayan alumnos que quieran conocer mis opiniones (nunca verdades dogmáticas) sobre este mundo tan complejo que llamamos fútbol…….al final, una vez más y como siempre, me pudo la pasión.

Aquí os dejo algunos de mis puntos de vista sobre algunas de las preguntas que Martí me realizó.

ENTREVISTA A PEDRO GÓMEZ,

AUTOR DE: LA PREPARACIÓN FÍSICA DEL FÚTBOL CONTEXTUALIZADA EN EL FÚTBOL.

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La lectura del libro de Pedro Gómez, contribuyó a despertar en mí la curiosidad por la  comprensión del fútbol y el entrenamiento desde el paradigma de la complejidad y la metodología contextualizada que se propone. Decidí utilizar el proyecto del último curso de la carrera de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte  como excusa para profundizar sobre el tema y enfocarlo hacía el entrenamiento del comportamiento táctico. Como en el interior del libro, Pedro, se muestra abierto a que el lector interactúe con él, decidí mandarle un correo para enriquecer con sus aportaciones el trabajo y que contribuyera a  mi necesidad de generar más reflexiones. ¡Al poco de mandar el correo ya había obtenido respuesta!. Resultado de esto es la magnífica entrevista que se muestra a continuación.

CONSTRUCCIÓN MODELO DE JUEGO
Partiendo de la base de que el proceso de entrenamiento se debe sustentar en el Modelo de Juego y éste ha de basarse en la individualidad de los jugadores y de sus capacidades de interacción, ¿Cómo iniciaríamos su construcción? ¿Qué situaciones de entrenamiento propondríamos inicialmente?

PEDRO GÓMEZ: El proceso de entrenamiento debe erigirse sobre la comprensión de la complejidad del contexto particular y no únicamente sobre la manera de jugar deseada para mi equipo.

Obsesionarnos con unos principios de juego a desarrollar limita a veces la visión panorámica del entorno de nuestro equipo de fútbol y nos impide tomar decisiones coherentes con las necesidades puntuales aparecidas durante el crecimiento y evolución de nuestro equipo.
Estoy de acuerdo en que el modelo de juego será una guía que integre la optimización del resto de estructuras, pero reniego de puntos de vista que enfaticen a este por encima del sistema complejo formado por jugador/entorno.
Dicho esto, en un primer momento y al llegar a un nuevo contexto de trabajo, “fomentaría” la convivencia con la complejidad del grupo intentando descifrar aquellos constreñimientos del entorno y de los miembros que impulsen al sistema hacia comportamientos autoorganizativos propios. Por ende, antes de empezar a “construir” el modelo de juego que señalas en tu pregunta, tendría que conocer las regularidades de mis jugadores, sus aspectos caóticos, su manera de interactuar y asociarse, su capacidad de flexibilidad y adaptabilidad al medio, sus intereses, sus motivaciones, ..etc.. ya que a modo de atractores, serán estos, unidos a los dinámicos constreñimientos del entorno, los que condicionen el comportamiento colectivo de mi equipo.
Conocidas estas ”fuerzas atractoras”, y nunca antes, podría a través de dinámicas de trabajo abiertas, variables y de solución múltiple, desarrollar aquellas coordinaciones organismo/contexto codiciadas por la complejidad y fomentar el acoplamiento de los comportamientos colectivos reconocidos como adecuados y óptimos de acuerdo a las necesidades de mi contexto particular.

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• ¿Cómo estructurarías el Modelo de Juego de tu equipo?

PEDRO GÓMEZ: Conocido y analizado mi contexto y las múltiples relaciones complejas que se dan en él, establecería, dentro de una flexibilidad y en base a las posibilidades emergentes conocidas, cómo quiero que sea el comportamiento colectivo de mi equipo tanto en la fase de inicio de juego, creación y finalización, concretando estas pautas de actuación a aquellos momentos en los que el balón está en mi poder, en poder del rival y los intercambios del mismo (transiciones) y teniendo siempre muy en cuenta, que el fútbol, al desenvolverse en un contexto incierto, hace que la predictibilidad en torno a lo que le rodea sea una ilusión.
Pese a esta realidad, mi experiencia me dice que aunque el jugador a medida que el contexto ofrece nuevos panoramas ajuste sus coordinaciones con los compañeros de un modo u otro, estos deben de tener una “guía”, que sin restringir ni coartar su libertad, les muestre una solución cuando se presenten perturbaciones en el entorno y el poder autoorganizativo del rival se imponga al nuestro transportándonos al caos desorganizativo. Hay que apostar por la comprensión fenoménica del jugador, (que comprenda el por qué de ciertos aconteceres), no se trata de darles recetas que les digan lo que hacer en cada momento sino de ofrecerles caminos que generen soluciones múltiples y adaptables a la diversidad de situaciones que se dan durante un partido de fútbol.

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En la dinámica expuesta, por ejemplo, podemos limitar el comportamiento de los jugadores en posesión mediante la inclusión de numerosos constreñimientos como podría ser el número de toques y pases necesarios para el cambio de orientación, o establecer una pauta de comprensión del juego ( necesidad de atracción de los rivales) para poder hacer un cambio de orientación, de modo que entiendan el por qué de este comportamiento y sepan como beneficiarse colectivamente del mismo cuando las perturbaciones del entorno competitivo inviten a esta como una de las soluciones autoorganizativas más eficaces para la progresión de mi equipo en zona de creación y momento de posesión.

Rafa Pol en su libro expone que el exceso de acoplamiento entre jugadores, es decir, procesos de interacción muy rígidos pueden ser tan perjudiciales como la falta total de acoplamiento. ¿Cómo gestionas este aspecto dentro del desarrollo del Modelo de Juego? ¿Cómo fomentas la aparición de comportamientos flexibles y creativos?

PEDRO GÓMEZ: Ciertamente, el punto de complejidad máxima, donde mayores sinergias y adaptaciones colectivas emergen es al borde del caos, en la zona de equilibrio entre orden y desorden.
Nuestra misión es buscar el grado de acoplamiento óptimo donde afloren las sinergias más interesantes para nuestro contexto particular y el contexto dinámico de partido. El sistema, si se le facilitan las condiciones y no se le imponen restricciones tiende a autoorganizarse, de modo que si logramos que los individuos que conforman mi equipo cooperen en el comportamiento global, este mismo comportamiento global será el que constriña los comportamientos individuales para que no cese de funcionar como unidad.
Por supuesto que en la práctica es complejo. Adscribirse a este pensamiento y ser fiel en todas tus actuaciones para mí al menos y de momento es bastante complicado. Personalmente intento descifrar dónde y cómo se generan las asociaciones más efectivas de mis jugadores y a través de las dinámicas de entrenamiento propuestas trato de potenciarlas, restringiéndolas lo más mínimo y apoyando/reforzando aquellas decisiones inesperadas tomadas por algún miembro del equipo, que debido a su lectura individual del contexto y en base a los autoconstreñimientos que este se impuso, se muestran como soluciones originales e inesperadas, pero al fin y al cabo óptimas para el acoplamiento colectivo (creatividad eficaz).

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TAREAS

• Las metodologías basadas en la complejidad exponen que para facilitar el proceso de aprendizaje y la auto-organización del jugador se deberán plantear situaciones abiertas, que permitan la exploración de soluciones múltiples y creativas, donde el jugador será el encargado de encontrar soluciones diversas a la tarea sin necesidad de conocerlas de forma anticipada. En tu libro propones aplicar metodologías de descubrimiento guiado y de resolución de problemas. ¿Cómo las aplicas a las tareas de entrenamiento? ¿Qué información transmites a los jugadores antes, durante y después de la tarea?

PEDRO GÓMEZ: Pedagogías no lineales, constructivismo, descubrimiento y resolución de problemas..etc.. todas ellas persiguen lo que bien señalas en tu pregunta: “que el jugador descubra y construya sus propias soluciones óptimas”, de modo que al estimular su comprensión del juego, desarrollen en él un comportamiento flexible y una capacidad de adaptación a las dinámicas e irrepetibles situaciones que se dan durante un partido de fútbol.
Mi manera de actuar, debido a la complejidad del contexto (peculiaridades y percepciones de los jugadores), puede que no se asemeje paso por paso a lo que dictan estas metodologías (abogan por varias interrupciones/reflexiones con los jugadores), y me limito esencialmente a hacer una parada intermedia donde en un muy breve espacio de tiempo, a través de alguna consigna, reoriento los esfuerzos comprensivos de los implicados focalizando estos en los aspectos considerados “clave” para que se estimule la aparición de los acoplamientos colectivos esperados.
Pese a todo, la realidad de un equipo es compleja. Debes de tener en cuenta que no trabajas solo, que convives con más miembros del cuerpo técnico, con 20 jugadores, cada unos con sus intereses, sus percepciones, sus sentimientos, sus creencias…y esto desde un punto de vista sistémico ¡hay que tenerlo en cuenta!.
Amigo Martí, aunque todas tus preguntas las orientas hacia el mismo sitio (lo cual comprendo debido a tu afán por profundizar en metodologías más novedosas), no todas mis tareas y dinámicas de trabajo planteadas buscan la construcción del modelo de juego a través de acoplamientos colectivos óptimos. Son una gran parte, pero dentro del contexto también se encuentran los aspectos relativos a las demás personas de tu entorno que antes citaba, y ¡esto también es contextual!. No todos los grupos se sienten cómodos si los detienes continuamente para reflexionar (puede que con niños valga, pero en un equipo profesional te echarán a los leones), hay que manejar estos aspectos contextuales, no siempre hay que fomentar tareas complejas, también podemos extraer cosas muy útiles de otras metodologías menos “en la onda”, porque entre otras cosas ¡habrá jugadores que te las demanden!, porque toda su vida coexistieron con ellas y creen en ellas, y si no sabes hacer convivir a tus creencias metodológicas con tu realidad contextual estás perdido. El aspecto volitivo es “clave” para el pensamiento complejo, de modo que si das a un jugador algo que no quiere, no lo hará como debe o simplemente ni lo hará. Una metodología contextual no solo aboga por las líneas de pensamiento más actuales, sino que escucha al entorno y actúa.

• Dada la importancia del contexto emocional se abre la necesidad de crear emociones y sentimientos en los entrenamientos, ya que la memoria recuerda mejor los acontecimientos ligados a una alta carga emocional. ¿Cómo fomentas la creación de estos aspectos emocionales en las tareas relacionadas con el juego?

PEDRO GÓMEZ: A día de hoy, la importancia de un buen manejo psicológico/emocional por parte del deportista es irrebatible. Estamos cansados de ver jugadores que entrenan a lo largo de la semana de manera brillante y que inexplicablemente, sufren un descenso notable en su rendimiento los dias de partido. Esto no es ningún cuento, es una realidad. ¿cuantas veces se te ha acercado un jugador después de una derrota y te ha dicho que esta semana nos pasamos, le dimos mucha caña y las piernas las teniamos muy pesadas?, y del mismo modo, ¿cuantas veces te han insinuado justo lo contrario, que se encontraron muy bien de piernas cuando el resultado reflejó una victoria?. ¡A mi muchas! ¡Y eso que mis semanas son prácticamente similares en cuanto a carga sistémica!. ¿no crees que el aspecto emocional modifica sus percepciones incluso sus capacidades?, ¿no crees que un entorno que estimule las emociones positivas del jugador potenciará su rendimiento?, y al contrario, ¿no crees que si el jugador se angustia, estresa, pierde su confianza…repercutirá esto en su rendimiento?.
Nuestro trabajo debe estimular al sistema como un todo, de modo que persigamos la adaptación de coordinaciones a todos los niveles. No me vale lograr una muy buena coordinación físico/técnico/tàctica si el aspecto psicológico no evoluciona simultaneamente. Es cierto que unos jugadores ya van equipados “de casa”, y que en competición se encuentran cómodos por naturaleza, pero también los hay muchos a los que el entorno les sobrepasa. Al menos con estos hay que intervenir. Existen desde la psicología del deporte múltiples técnicas (descontextualizadas creo yo) para manejar de manera óptima las variables psicologicas implicadas, pero a mi parecer, debido a que simular condiciones idénticas (o al menos parecidas) a un partido de fútbol es imposible (ni el público, ni la tensión competitiva del momento, ni la responsabilidad serán las mismas), nuestros entrenamientos de momento seguirán cojeando, ya que seremos incapaces de entrenar lo que realmente nos vamos a encontrar el Domingo.

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• ¿Cómo desarrollas tu microciclo semanal desde la metodología contextual que propones?

PEDRO GÓMEZ: Como bien señalas, me gusta adscribirme a lo que llamo “Metodología contextual”. No es nada novedoso ni revolucionario, simplemente atiende a un intento de desmarcarme de la que parece imperiosa necesidad decantación por un tipo u otro de metodología. En este mundo, donde priman tantos intereses y el interés por ocupar un sitio se antepone al compañerismo profesional, parece que si no trabajas de un modo, estas anticuado, y lo que haces ya no tiene valor.
Huyo encarecidamente de estas afirmaciones. Defiendo un punto de vista ecléctico que aunque prime y potencie el pensamiento sistémico complejo y se edifique sobre el aspecto táctico colectivo como guía del proceso, no reniega de la utilización de otros medios de entrenamiento que debido a determinadas peculiaridades contextuales pueden llegar a tener mayor grado de aceptación y consiguiente efecto en nuestro entorno.
Puede que si en mi equipo la media de edad es de 24 años, en determinados momentos actúe de distinta forma que si esta es de 29, también puede darse el caso de que si tengo un alto porcentaje de jugadores provenientes de países europeos, actúe de forma diametralmente opuesta a si estos proviniesen del continente americano…¿por qué?, porque puede que para ellos no “sirva” lo mismo..y yo tengo que poder adaptarme a esto. Escuchar las necesidades del contexto es clave para que las emergencias y asociaciones por las que aboga el pensamiento complejo puedan presentarse.
Dicho esto, y aunque abierto constantemente a posibles modificaciones, mi microciclo semanal tipo sería aquel en el que mediante la persecución de los principios de juego a potenciar durante el próximo partido se desarrollen de manera simultánea el resto de estructuras o subsistemas.
Concretar el día que dedicaremos a disminuir la carga sistémica con una intención regenerativa, el día que potenciaremos situaciones en espacios reducidos o en espacios más amplios para generar coordinaciones condicionales de un tipo u otro, o el día que tendremos que dejar de entrenar para que el nivel de tensión se reduzca, es quimérica tarea al menos para mí, entre otras cosas porque hasta que no llegue el momento no lo sabré, porque no sabré como están los jugadores, como influyó el último partido, la última sesión, las últimas declaraciones del entrenador o presidente, los actuales impagos en la plantilla…¡ni lo sé, ni lo puedo saber hasta que llegue el momento!…el entrenamiento es contextual, y saber adaptarnos a esta imprevisibilidad será lo que desde mi punto de vista nos convierta en buenos profesionales

MARTÍ NADAL: Agradecerte el tiempo dedicado y tu enorme disponibilidad para interactuar. Tomando una frase del libro “la interacción entre nosotros y nuestro contexto será la causa de que emerjan nuevas y mejoradas versiones de nosotros mismos”, así que gracias por contribuir a este proceso.

Martí Nadal Velasco
Twitter: Martí_Nadal


Por: Pedro Gómez

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Un grupo de científicos encerraron a 5 monos  en una jaula, en cuyo centro situaron una escalera y  sobre ella, un racimo de plátanos. Cuando un mono subía la escalera para coger los plátanos, los investigadores lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo sujetaban y golpeaban. Pasado algún tiempo, ningún mono subía a la escalera a pesar de la tentación de los plátanos.

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. Lo primero que hizo fue subir la escalera, pero fue rápidamente bajado a golpes por los otros. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más  a la escalera. Un segundo mono fue sustituido y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente el último de los veteranos fueron sustituidos. Los científicos se quedaron entonces con un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentase llegar a los plátanos. Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: “No sé, las cosas siempre las hemos hecho así”.

No sé si por pereza o  cabezonería,  entrenadores y preparadores físicos, convencidos de nuestro control y conocimiento absoluto sobre el juego y su desarrollo, solemos cuestionarnos muy poco o nada aquellas actuaciones que día a día, ponemos en práctica en nuestros equipos. Somos como los monos que golpean al nuevo y hambriento compañero, recelamos de aquellas corrientes de pensamiento que atentan contra la estabilidad de nuestras creencias e intentamos destruirlas sin saber si estas pueden acercarnos el racimo de plátanos y así saciar nuestro apetito futbolístico.

¡Para nada es mi intención anteponer las nuevas creencias o actuaciones del nuevo mono visitante a las del resto de compañeros que llevan experimentando durante años la dinámica de su jaula!…, pero al menos, creo que se debería respetar su presunción de inocencia y no apalearle hasta que al menos le hayamos escuchado y permitido explicarse.

Al ser humano todavía le queda algo de mono, no cabe duda. Actuamos convencidos de que aquello que decimos o hacemos es perfecto y que las cosas deben de seguir así sin preguntarnos si no es posible que exista otra perspectiva desde donde contemplar las cosas, otras gafas que además de mirar, nos permitan ver las complejas e intrincadas interacciones que se dan dentro de los sistemas dinámico complejos adaptativos como el fútbol.

“Mi equipo debe de hacer recuperación el día después del partido porque la ciencia de la fisiología dice que es lo mejor para sus sustratos metabólicos”;

“Tenemos que hacer 12 repeticiones de este ejercicio porque si no es así no estimularemos la capacidad de resistencia a la fuerza de mis futbolistas, y además, con 90 segundos de recuperación entre cada una de ellas si no queremos fatigar su sistema neuromuscular”;

“Cada vez que suba uno de mis laterales, el otro debe de quedarse estático en su posición

…pero…¿y si el equipo llegó de viaje a las 4 de la madrugada y la saturación emocional de la semana anterior fue elevada?¿recuperamos mañana?; y si el presidente del equipo está observando la sesión de entrenamiento y aquellos jugadores que finalizan contrato este año están realizando un sobreesfuerzo en cada repetición para que este considere su implicación y les renueve…¿seguimos haciendo 12 repeticiones? ¿descansamos lo mismo?; y si al subir los dos laterales simultáneamente, debido a su capacidad de interacción con jugadores de interior mi equipo se adapta perfectamente y no hace más que provocar el caos en la fase defensiva del equipo rival y su consiguiente transición..¿Seguimos restringiendo sus subidas?.

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Tenemos la mala costumbre de ver líneas de causa efecto en nuestras actuaciones cuando la  realidad más aproximada es que en el fútbol la monocausalidad no existe. Nada ocurre por un único motivo. Las interacciones que se dan entre todos los elementos que integran el sistema influyen de manera fractal con el resultado provocado de modo que aquello que ocurre en un nivel se refleja en otros niveles. El contexto puntual adquiere un valor fundamental para comprender el comportamiento y los procesos de adaptación acaecidos, y puesto que el contexto es dinámico y único, nunca una respuesta estará condicionada por un mismo entorno.

Lamentablemente (aunque estamos todavía a tiempo de renovar nuestras gafas), hemos estado encerrados durante muchos años dentro de una jaula mecanicista, que entiende el fútbol como un conjunto de objetos o partes separables donde sus relaciones e interacciones son secundarias o inexistentes…. Y además, si a esto le añadimos la peligrosa tendencia inconsciente que tiene el ser humano a  rechazar lo que va a contradecir sus ideas y a arropar a aquello que va en consonancia con las mimas,  nos encontramos dentro de un panorama en el que como bien señala Oscar Cano, consumimos ideas preconcebidas, recelamos de lo desconocido y los  saberes mitificados subyugan nuestras actuaciones.

Puede que el pensamiento complejo, al que muchos perseguimos, sea el colirio que nos devuelva la visión nítida de las cosas….pero también, puede que su mala comprensión o aplicación empañe todavía más nuestras gafas.

Yo me pasaré por la óptica de Morín, Balagúe, Schölhorn, Kelso…seguro que me hacen alguna buena oferta.

¿Y tú?..¿Estás dispuesto a mirar la vida y el fútbol con otras gafas?

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“Nunca dejes de hacerte preguntas”

 

Un Abrazo Amigos

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 Por Pedro Gómez

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Una de las grandes preocupaciones (sobre todo de los preparadores físicos), ha sido y sigue siendo el control de la carga del trabajo realizado durante sus entrenamientos.

Nos hemos obsesionado con el establecimiento de puntos de carga que registrados sobre hojas de Excel desprendían al final de cada microciclo (en el mejor de los casos), o al final de la temporada, gráficas con bonitos colores y con curvas de trabajo que nos llevaban a pensar que nuestro trabajo había sido bueno.

¡Yo también lo he hecho!, pero con el paso de las temporadas y a medida que mis experiencia y capacidad de reflexión han aumentado, me he dado cuenta de que mi manera de cuantificar la carga de trabajo estaba muy alejada de la realidad multidimensional de las dinámicas de trabajo realizadas.

Mis primeras preocupaciones, al no tener pulsómetros, giraban en torno a la graduación de las diferentes capacidades condicionales, para una vez clasificadas, otorgarles puntos de intensidad que multiplicados por el tiempo efectivo de la tarea me darían como resultado referentes para la carga de trabajo. (Por ejemplo: si la predominancia en la tarea era aeróbica de baja intensidad le daremos un 2, si es trabajo coordinativo un 4 ,si es trabajo de fuerza  explosiva un 9….asi con la innumerable cantidad de capacidades que revoloteaban por mi visión reduccionista de la cuestión). No es que fuera una manera desastrosa de cuantificar, de hecho a mi me era útil ya que al ser comparada conmigo mismo, los datos que obtenía reproducían o al menos se aproximaban a la realidad condicional de los entrenamientos de mi equipo.

Pese a todo, día a día,  a la hora de registrar mis sesiones, observaba  con gran decepción y algo de incredulidad como tareas que aun habiéndose desarrollado en condiciones táctico emocionales muy distintas, derivaban en similares puntos de carga (por ejemplo: un trabajo de superioridad centrado en las continuas transiciones “valía” igual si la defensa había sido muy intensa o poco presionante) Y yo me preguntaba: ¿el grado de oposición no afecta a mis puntos de carga? ¿una misma tarea aplicada en momentos distintos de la temporada o incluso del microciclo, tiene la misma exigencia? ¿no está condicionada por el empeño y motivación de los  jugadores? ¿ y estas últimas características no están condicionadas por el contexto competitivo puntual del microciclo en el que se desarrollen, o incluso por el estado de ánimo del grupo?.

Estaba claro!, mi afán por el trabajo físico me había llevado a despreciar la interacción de estas capacidades con el resto de estructuras que conviven en una misma tarea de entrenamiento. Me di cuenta que si cuantifica solo lo “físico”, separaba lo inseparable y en consecuencia, restaba valor sistémico a mi valoración.

La propuesta que a continuación expongo surgió a partir de la lectura de un artículo de preparación física aplicada al baloncesto (citado y disponible para descarga en mi página web), el cual me atrajo mucho por partir de un punto de vista global de la exigencia  de las tareas y por considerar que era  una posible respuesta a mis quebraderos de cabeza anteriores.

Lógicamente, ni es ni pretende ser una manera ideal de “cuantificar” la carga (casi con toda seguridad la modificaré en temporadas futuras), pero a día de hoy, y tras llevar bastante tiempo utilizándola y actualizando dicho planteamiento, puedo decir que de momento, a mi me funciona en mi contexto.

Recuerdo que entiendo la cuantificación como una simple referencia del trabajo realizado, no es ni un dogma ni una receta que nos avise con exactitud de lo que podemos o  no debemos  hacer en futuras sesiones. Aporta información, pero esta debe de ser tratada con cuidado y reflexión, otorgándole su justa importancia si no queremos ser esclavos de números, abstracciones  y realidades ajenas a la dinámica del trabajo grupal.

En consecuencia, yendo al grano sin más derivaciones, mi manera de proceder a día de hoy es:

1) Establezco los tipos de intensidades que creo que condicionan una tarea: en este caso, Intensidad condicional, Táctica y Emocional.

2) Elijo aquellos parámetros propios de cada intensidad que en mi opinión mejor reflejen la solicitación a la que se verá sometido el jugador.

3) Gradúo los mismos y los relaciono matemáticamente  con el volumen de trabajo (series x repeticiones) .

La formula matemática no es relevante, puedes sumarlos, multiplicarlos…¡relaciónalos como tu consideres más apropiado!.

La graduación tampoco lo es, pero os muestro la mía para que trabajéis sobre una idea parecida si es que os convence el planteamiento.

Espacio: (1,2,3,4,5,6,7,8).  8 Sería campo completo  y 4 mitad de campo.

FCM (Frecuencia cardiaca media subjetiva): A falta de pulsómetros valoro de 1 a 4.

Táctica: (1,3,6) Individual, grupal o colectiva

Oposición: (1,2,3,4) Desde “sin oposición” a trabajo en “igualdad o inferioridad numérica”.

(Táctica y oposición podéis sustituirla por la propuesta que hago en mi libro de intensidad táctica modificada de Ramallo)

Competitivad: (1, 1,5 y 2). Sensaciones subjetivas sobre el desarrollo de la tarea a nivel de implicación y compromiso de los participantes.

Una vez relacionados tendréis un valor en mi opinión algo más sistémico que nuestros planteamientos iniciales.

Imagen

¿Es sencillo verdad?

Prueba y experimenta.

¡Se me olvidaba!!

Esta valoración la triangulo siempre con valores de percepción subjetiva del esfuerzo tanto de los jugadores como del cuerpo técnico.

Un abrazo amigos!! Sigueme en : http://www.futbolcontextualizado.com

“Nunca dejéis de haceros preguntas”


¿Somos capaces de que nuestros jugadores actuen en interes de la colectividad?

¿Favorecemos mediante situaciones de entrenamiento que el talendo individual complemente al talento de los compañeros?

¿podemos predecir el compartimiento que nuestro colectivo desarrallorá conociendo únicamente los compartmientos individuales de nuestros jugadores?

¿Como podemos lograr que emerja una conducta global compleja en un mundo de intenciones múltiples?

¿Nuestros jugadores entrenan y juegan como robots o son capaces de concebir el sistema como un todo?

¿Damos respuesta colectiva a los comportamientos que el adversario me muestra o quiere que vea?

¿Fomentamos la consciencia colectiva del grupo para que el jugador se preocupe por sí mismo y los demas de modo que esto le lleve a buscar soluciones a los problemas complejos?

“No hay razón para que la expresión individual contradiga a la expresión colectiva. El colectivo permite que todos sus componentes alcancen su máximo nivel, limitando sus debilidades y resaltando sus dotes”.

Disfruten y reflexionen con el brillante documental que  nos deja  Jean-Christophe Ribot  (2006):

¿Desarrollamos la inteligencia colectiva en nuestros entrenamientos?

Enlace  —  Publicado: 21/03/2012 en Entrenamiento táctico, Inteligencia Emocional, Pensamiento Sistemico Complejo, Psicologia del Deportista, Sin Categoria